
Podría sonar como del Pleistoceno pero no hace tanto que en los balcones de Barcelona se vivía esa particular competencia entre senyeras, estelades y, después, rojigualdas. Efectivamente, ingresaron otras contendientes a la carrera -desde banderas argentinas hasta andaluzas- pero 2014 floreció algo que se podría definir como una verdadera tercera vía: trazos gruesos y contundentes formaban sobre lonas blancas unos primeros planos de intrigantes rostros infantiles. Dibujos de miradas, negro sobre blanco, concebidos para llamar la atención. Y si algún transeúnte quedaba por interpelar, un lacónico Why? (¿Por qué?, en inglés) completaba el trabajo de no dejar a nadie indiferente.
