Los humanos le debemos mucho a los ratones. Aunque a simple vista son bichos muy distintos, comparten el 85% de los genes, muchos con funciones básicas, heredadas de un ancestro común que vivió hace 125 millones de años. Ese parentesco ha permitido probar en roedores fármacos contra el cáncer o la diabetes que después han curado a millones de personas. Más polémico es su uso como modelo para entender trastornos neurológicos como el alzhéimer o el autismo, pues tienen manifestaciones muy distintas en roedores y humanos, o para investigar la base genética de nuestro comportamiento.
