
“Plomo es lo que hay, plomo es lo que viene”, dijo en 2019 un simpatizante de la derecha cuando se cerró la negociación de paz entre la guerrilla del ELN y el Gobierno de Iván Duque. Plomo es lo que hubo. La de Duque fue la única presidencia en cuatro décadas que no abrió ni una mesa de negociación y que priorizó la guerra. Pero los armados no desaparecieron. Gustavo Petro, el exguerrillero que entró a la política en los noventa tras una negociación de paz, fue elegido en 2022 con una propuesta de “paz total”: mesas de diálogos con todas las guerrillas, reconociendo su estatus político; y con las bandas criminales, buscando caminos para su sometimiento a la justicia.
