Este libro es un regalo. Nos lo hace su autora que, en poco más una década, ha pasado de emocionarse a abrumarse ante Nueva York. Ha pasado de aceptar su elitismo a aprender a buscarse la vida y de asumir la dificultad de vivir allí a conocer la ciudad conociéndose a sí misma. Así, tras firmar el impagable Barrios, bloques y basura (Errata Naturae), Julia Wertz (San Francisco, 41 años) ha vuelto a dibujar, minuciosamente, Nueva York. Ha pateado sus calles, investigado sus leyendas urbanas, ahondado en las pequeñas historias, observado sus detalles, vivido sus miserias, respirado su grandeza. Y ha dibujado todo eso. Aun así, incluso si su nuevo cómic está plagado de arquitectura, el regalo en este último viaje está en el interior. En su interior. No sólo en los pocos metros de su vivienda escueta. Sobre todo, en la travesía hacia su cabeza, sus miedos, sus refugios, sus autoengaños. Y su adicción.
