El populista y prorruso Míjeil Kavelashvili ha asumido este domingo el cargo de presidente de Georgia en medio de una grave crisis política. No solo genera inquietud su nombramiento ―Kavelashvili no ha sido votado en unas elecciones, tras una reforma realizada en 2017 por el Gobierno de Sueño Georgiano (SG), partido que lo ha aupado al cargo―; sino también el giro hacia Rusia y el alejamiento de Occidente: el Ejecutivo decidió congelar las negociaciones de adhesión a la Unión Europea en noviembre, al menos hasta 2028. Desde ese momento hay manifestaciones y protestas ciudadanas, como las que este domingo han reunido a miles de personas en Tbilisi.
