El Congreso de Estados Unidos le está dando un buen baño de agua fría a la estrategia financiera con la que Donald Trump quería estrangular a la ciencia de su propio país. Por una vez, los congresistas republicanos se han sumado a los demócratas para rechazar los feroces recortes en investigación propuestos por la Casa Blanca. Las agencias de investigación espacial, atmosférica y energética esquivan así un hachazo que las habría dejado implorando por su mera supervivencia. La acción del legislativo es una buena noticia, sobre todo si sirve de precedente para que el Partido Republicano empiece a fracturarse ante la saña irracional con que se comporta su amado líder desde que llegó por segunda vez a la presidencia. Pero la pesadilla está muy, muy lejos de haberse disipado.
