Desde la llegada de Jordi Ribera al banquillo de España, hace una década ya, España se ha mantenido atornillada en la élite del balonmano con dos bronces olímpicos y mundiales, además de dos oros y una plata europea. La tacha, quizá el agujero negro del equipo, se dio hace dos cursos cuando un empate ante Austria supuso el adiós prematuro del pasado Europeo. Y como si todavía le tuvieran ganas, o como si la lección estuviera aprendida, los Hispanos se plantaron en el Jyske Bank Boxen danés con la gazuza acentuada. Eso aclaró Garciandia como aperitivo, cuando la defensa austríaca se hundió y el lateral castigó con un lanzamiento lejano para abrir el telón. El que avisa no es traidor.
