
Cuando el robot Lander, un vehículo motorizado no tripulado, subió a la superficie desde las profundidades marinas de la Fosa de Atacama, frente a las costas de la región de Antofagasta, en el norte de Chile, la doctora en Oceanografía Carolina González no pensó que traería consigo una nueva especie, ni mucho menos un nuevo género de ser vivo. Pero, entre sus pinzas, había un crustáceo depredador que nunca había sido descrito por la ciencia y al que bautizó como Dulcibella camanchaca.



