Cuando la policía alemana identificó al presunto asesino del mercadillo navideño de Magdeburgo como Taleb al Abdulmohsen, el nombre me sonó familiar. Dos días después, al ver la imagen de su cuenta de X en un informativo de televisión, caí en la cuenta de que lo conocía. Bueno, no exactamente. Habíamos estado en contacto por internet por su activismo contra el islam y la opresión de las mujeres saudíes. Pero había algo que no encajaba: El arma con la que ilustraba su perfil. No la había visto antes. Resultaba inquietante.
