Bogotá, conocida durante décadas como una capital lluviosa, vive desde el año pasado una crisis de agua que se está agudizando al arranque del 2025. Los niveles de embalses del páramo de Chingaza, encargados de la mayoría del abastecimiento de los más de 8 millones de habitantes de la capital de Colombia y sus alrededores, cayeron a apenas un 15% el año pasado, por lo que el alcalde Carlos Fernando Galán arrancó en abril una campaña de racionamiento en la ciudad: dividió la ciudad en nueva zonas que se turnan los días sin agua, con la meta esperando terminar el año con una capacidad en Chingaza de 70%. El fin de año, que trae usualmente lluvias y menos consumo de agua porque los bogotanos salen de vacaciones, debía ser un respiro. Pero la meta no se cumplió. El viernes 3 de enero, las autoridades ambientales contaron a los bogotanos que el nivel de esos embalses iba en bajada, con apenas el 46,68 %, debido a la falta de lluvias.
